viernes, 27 de noviembre de 2009

Dicen que la distancia es el olvido...

A Vincent H. lo conocí en 1986, cuando vino a México a quedarse con mi familia con motivo del intercambio cultural que organizaba, cada verano, Nacel.

Nosotros lo recibimos ese año y al siguiente yo viajaría a Francia a hacer lo propio y quedarme con su familia.

Él estuvo en mi casa como un miembro más de la familia. De hecho ese era el fin del viaje y del intercambio: conocer una familia mexicana y sus costumbres. Los mexicanos que al año siguiente fuimos, también teníamos que conocer a la familia francesa y sus costumbres. No eran vacaciones propiamente dichas, en el sentido de que no había obligación para la familia de pasear al invitado extranjero.

Vincent llegó un primero de agosto de ese año 86 a México. Para mí y mis hermanos era algo completamente nuevo. En ese tiempo no había tanta apertura a las cosas extranjeras, no había el internet como lo hay ahora, tal vez lo mas conocido por la cercanía era E.U., pero decir Europa era algo muy lejano, por lo que ver su ropa de una marca extraña, sus lociones, su shampoo, su acento y todo lo que venía desde Francia junto con él, era como de otro mundo o galaxia.

Al paso de los días, nos fuimos acostumbrando a su presencia. Lo presentamos con los amigos de la cuadra con quienes entabló amistad, lo conoció toda la familia, tuvo una novia aquí en México y cuando llegó la hora de partir, le hicimos una fiesta sorpresa que él disfrutó al máximo.

Dicen que lloró todo el vuelo de México a Paris, en su regreso.

En 1987, lo volví a ver, cuando me tocó ir a Francia en ese intercambio cultural. Llegué a Nancy, la ciudad donde vivía con su familia. En esa época eramos mentalmente niños aún. Todo el día la pasabamos jugando, nadando, corriendo.Y si bien nos gustaban las chicas, nos faltaba todavía experiencia para cortejarlas, aunque hacíamos el intento.

Cuando me tocó partir, me despedí de él y de su familia.  Los extrañé todo el viaje de regreso a México. Al paso de los años, las cartas que nos enviábamos se fueron haciendo menos hasta que perdimos toda comunicación (en aquel tiempo, nos escribíamos por carta).

En el 2007, decidimos la Busi y yo pasar esa Navidad en Europa e ir unos días a Francia de paseo. Por ello, ví la oportunidad de visitarlo en su país. Lo busqué por google y demás buscadores del internet sin ningún resultado favorable. Lo bueno es que encontré, entre mis cosas viejas, una dirección y teléfono de la casa de sus abuelos en Toulon, donde viví unos 15 días. Llamé sin ninguna esperanza pues pensaba que al paso del tiempo ese teléfono seguramente habría cambiado.

Pero no fue así, para mi sorpresa contestó su papá, al que saludé calurosamente; me dio el teléfono de Vincent y su e-mail. Lo contacté. Platicamos pero reservamos las palabras para el día en que nuevamente nos volvieramos a ver.

Llegué a Paris. Fuí el día y a la hora al lugar en que convenimos. Estaba nervioso. La Busi, me apretaba la mano helada, tanto por el frío invernal que hacía como por el nervio de reencontrar a un viejo amigo después de 20 años.

Cuando lo ví salir de su lugar de trabajo, le dije a la Busi "Es él". Lo reconocí de inmediato. Después en la comida, su esposa Marie también nos comentó que él me reconoció de inmediato al verme a lo lejos. Quedaba claro que el tiempo no había borrado de nuestra memoria los rasgos y formas de ser esenciales de cada uno de nosotros.

Cuando se acercó y quedamos frente a frente, no dijimos nada. Sólo nos fundimos en un fuerte abrazo. Un abrazo que era la promesa de no dejar de comunicarnos jamás.

Y así nos dirijimos los 4 a una comida y una hermosa y larga charla entre 2 amigos que se reencontraron después de 20 largos años...

Luego a su casa, conocimos a sus hijos, hablamos, tomamos cerveza, nos enseñó toda su colección de libros de México, vimos fotos de aquellos años y de los que estuvimos alejados; sólo unos minutos bastaron para ponernos al tanto de nuestras vidas y en ese momento sentimos que no había pasado el tiempo entre nosotros... y vinieron más recuerdos a la memoria...

Insisto, parecía que no había pasado el tiempo.

Dicen que la distancia es el olvido... pero en este caso no.

15 comentarios:

paca dijo...

Que buen post, es un gusto saber que hay amigos asi, y que a pesar del tiempo, los lazos siguen firmes.

Felicidades.

SusuBlog dijo...

Me encanto! que bueno post felicidades, yo tengo la fortuna de tener a mis amigos de hace muchisisimo tiempo (bueno notanto porque soy re-joven) jajaja que tengas un excelente fin de semana... saludos grandes

Su.

Ely dijo...

Belo!!!! Hola buen viernes!
Muy linda historia :) nos demuestra una vez más que hay amistades y personas que valen la pena no olvidar y sabemos que ahi estan! Bello!!! me gsuto muhco saludos!!!!

Morinakemi dijo...

20 años! Si, puedo imaginar que en aquella época Europa era algo bastante lejando, no como ahora que basicamente puedes comunicarte con gente deaquél cointinente de forma rápida con internets

Zully dijo...

La verdadera amistad mi querido Belo no conoce ni de tiempos ni de espacios geográficos... =) Que rico.. que rico reencontrarse y darse cuenta que es tanto el cariño que de alguna manera en escensia se siguen reconociendo... esa no cambia a la par del tiempo solo mejora... besos!

Javier dijo...

qué bonita amistad y qué bonito post!

Los Hijos de Susana_Bagan dijo...

ahhh que rico...así son los amigos...con ellos el tiempo no pasa o pasa rapido según lo necesitemos

saludos !!

Alma Rosa dijo...

y claro que la distancia no es el olvido cuando se crean vínculos tan sólidos... que fantástico que se hubieran reencontrado y que ambos esten bien y disfrutando la vida... :) un abrazo grande espero que todo vaya bien con lo que realizas.. :)

STELLA dijo...

Siii. la distancia si es el olvido...pero en este caso nunca hubo distancia...siempre hubo algo que los unio sin importar los km.

Yo tambien me fui de intercambio cuando era niña, y vivi con otra familia toda la cosa, fue lo mismito, pero en mi caso, aunque el glorioso Facebook nos volvio a encontrar a katie y a mi, y nos gusto el reencuentro, no he podido ira visitarla ni ella a mi.

Cl@udette dijo...

Nunca se olvidan las cosas lindas, solo se archivan en un pequeño rinconcito, en el cual cuando rascamos un poquito todo vuelve a florecer y como resultado queda ese agradable encuentro el cual dejo ahora más recuerdos hermosos que atesorar

Saludos

Agnes Milk dijo...

mmm... estoy un poco confundida, la historia de Vincent ya la habia leìdo ¿verdad?

mmm...
deja veo

Pecesita Voladora dijo...

que lindo¡¡ jaja casi lloro

Cassiopeia dijo...

Que bueno que lograste contactarlo. En casa hemos experimentado lo mismo con los intercambios de mis hijos. (Entiendase, yo soy la que le hace los antojitos locales). Y la verdad es que es maravilloso ver como continuan esas amistades a pesar de la distancia. Claro, ahora es facil con facebook, msn, Skype y los correos.
Nosotros los mayorcitos no tuvimos esas ventaja, ni yo he logrado contactar a varios queridisimos de la epoca universitaria.
Que bendicion tienes! Sigue alimentando esa amistad!
Saludos.

Penny Lane dijo...

Me encantan esa clase de reencuentros, tan nostalgicos como melancólicos, los verdaderos amigos cuando se vuelven a ver es como si se siguieran viendo todos los días las cosas son igual o hasta mejores.

SrItA. mUeGaNiTa =D dijo...

Wow! Belo!!

Has hecho que mi "ojito Remy" aparezca...

Muchas veces, se han desaparecido de mi vida personas realmente valiosas y me doy a la tarea de reencontrarlas, a veces con exito, otras no tanto... Aunque, todos cambiamos, unos para mejor, otros, no tanto.

ME FASCINO TU POST!!!

APAPACHOS!! =)

Una mirada a la vida

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