lunes, 11 de mayo de 2009

Novelita

Colgó el celular. Tenía un sabor amargo en la boca del tremendo coraje que acababa de pasar. Su novia le había cancelado la ida al cine y se perdería el estreno de la película que tanto había esperado. Sandy, le explico que se topó con Sara, su mejor amiga de aquellos tiempos universitarios y de la que había perdido toda comunicación desde hacía cuatro años. Le comentó que iban a ir a tomar un café, en ese momento, a la cafetería donde años atrás Sandy y Javi se conocieron y en el que meses después Javi le había declarado su amor.
- No es posible que haya cambiado la película conmigo por irse con esa zorra a tomar un café y, peor aún, a ¡nuestra cafetería!- Pensó todavía enojado.
Sara nunca fue del agrado de Javi. Ella era incondicional de Manuel, un exnovio de Sandy que además fue la primera experiencia sexual de Sandy. Javi supo de ello gracias a Sara quien maliciosamente se lo dijo. Desde esa ocasión, Javi fue un hombre muy celoso, no dejaba ni respirar a Sandy. Le dolía que su amorosa novia no fuera virgen. Se convirtió en un hombre muy inseguro. Además, constantemente la hostigaba con preguntas sobre sus encuentros íntimos con Manuel. Incluso, sus celos llegaban al extremo de imaginarla teniendo sexo con él.
No obstante, al paso del tiempo la relación de Javi y Sandy se consolidó; habían pasado cuatro años juntos entre los cuales el último año y medio habían compartido su vida en unión libre y ya tenían planes concretos de matrimonio para un par de meses más.
Después de colgar con Sandy, Javi seguía furioso. Pocos minutos más tarde salió disparado de su oficina hacia la cafetería para toparla ahí pues sabía que su enojo no era por perderse la película sino porque se imaginó a Sandy hablando con Sara de Manuel y no iba a permitirlo.
Manejando hacia la cafetería donde Sandy se encontraba, un sudor frío recorrió el cuerpo de Javi pues no dudó en que quizá habían llamado a Manuel para esa reunión. El enojo ahora era furia. Su mente lo traicionaba y los celos eran lanzas filosas en todo el cuerpo. Su distracción le impidió percatarse que detrás de su vehículo una ambulancia le hacía señales para que abriera el paso. Pero en lugar de ello, bajó la velocidad y no la dejó pasar; incluso jugó un rato cambiando de un carril a otro para obstruirle el paso. Así desquitó su ira.
Después de unos minutos peleando, el tránsito se hizo pesado; había patrullas y bomberos justo en la esquina antes de llegar a la cafetería. La ambulancia aprovechó la distracción de Javi que de reojo miró lo que ocurría. Se bajaron los paramédicos a sabiendas de que habían llegado muy tarde.
En esa esquina había un espantoso accidente. Un camión de pasajeros, en el carril de contrafujo, pasó por alto la luz roja y se estrelló con el vehículo compacto que en ese momento se cruzó en su camino, pegándole al carro del lado del conductor.
Javi, por su parte, llegó a la cafetería sin prestar demasiada importancia al accidente. Estacionó su vehículo y entró azotando la puerta para buscar a Sandy, pero ella no estaba. Ni Sara, ni Manuel. Salió desconcertado a la calle para ver si Sandy estaba afuera viendo el accidente pero tampoco estaba ahí. Se sentó en la orilla de la banqueta enojado. Se tomó la cara y cerró los ojos un instante tratando de pensar donde podía estar su novia.
Al abrir los ojos volteó a su lado izquierdo hacia donde estaba el accidente. Luego miró al suelo y vio la placa del vehículo accidentado. Era del vehículo de Sandy. De un saltó se puso de pie con la placa en la mano. El corazón le latió muy rápido. Miró con detenimiento tanto al camión como al vehículo que estaba hecho añicos debajo de aquél. Corroboró penosamente que era de Sandy. Soltó la placa y se llevó las manos al cabello con un gesto de horror.
Se dirigió hacia ese lugar pero no lo dejaban pasar. Por fin logró atravesar el cerco de seguridad y llegar al vehículo pero no había nadie adentro ya que Sandy estaba tendida en el suelo, ensangrentada, metros más adelante del accidente. Los bomberos la habían logrado sacar del vehículo. Despacio Javi logró acercarse al cuerpo inerte de Sandy. Se hincó a su lado y lloró amargamente. De pronto, un bombero se le acercó y con una palmada en la espalda le dijo que si era Javier Hernández a lo que él respondió que sí.
- Cuando rescaté a la señorita me pidió, insistentemente y agonizando, que le entregara este sobre a quien respondiera a ese nombre. Lo siento mucho. Si no hubiera sido por culpa de un loco que impidió el paso de la ambulancia la señorita ahora estaría viva. - Le dijo el bombero y lo dejó a solas.
Javi, sintió náuseas, un dolor tan intenso que parecía que le atravesaban el corazón con un cuchillo, pero ese dolor no fue nada cuando al abrir el sobre vio unos análisis clínicos y una carta que decía:
“Perdóname mi amor si te hice pasar un rato amargo. Sé cuánto odias a mi amiga Sara y por eso la utilice como pretexto pues sabía que sólo así tú dejarías de ir al cine para venir corriendo a nuestra cafetería, donde inicio nuestro gran amor. Te conozco demasiado mi celoso compañero. Pero en fin, el motivo ameritaba mi inofensivo engaño. Tenemos que hacer una invitación más pues tenemos un invitado de lujo: Un pequeño ángel que Dios nos manda para que comparta no sólo ese momento de nuestra boda con nosotros sino toda la vida: Vamos a tener un hijo. Estamos embarazados. Te amo. Soy tan feliz y no hay nada que impida que goce al máximo este momento contigo. Viviremos muy felices.”

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