viernes, 15 de mayo de 2009

Día del maestro

Hoy es día del maestro y pues no hubo puente, lo cual me alegra.

En lo personal siempre ha llamado mi atención impartir clases.

Viene a mi memoria que a finales de los ochentas, inicié un curso de inglés donde yo era el maestro y el director de esa academia de idiomas de futuro prometedor. Compré algunos pliegos de cartulina de color llamativo para hacer mis anuncios publicitarios, los cuales pegué a las afueras del Aurrera de la Viga, en la iglesia de la Santa Crucita de mi casa, en la tiendita de Don Toño y Doña Toña y en la tiendita de Chelito (la de las chispas). A la convocatoria de la apertura del nuevo curso de inglés llegaron sólo tres personas. Modifiqué un cuarto del sanatorio de mi papá y lo hice el salón de clases, con su pizarrón, una mesa central y todo el rollo. Visualizaba el inicio de una gran escuela. Pero tronó. El sueño duró aproximadamente 1 mes y medio y la causa fue que: De esas tres personas, una me pagaba poco a poco, otra al principio muy puntual y al final terminó debiéndome como 10 clases, no obstante los requerimientos personales y hasta afuera de su domicilio para que cubriera su adeudo. La otra, en la tercera clase se dio por vencida, pero eso sí esas tres clases fueron de "gorro" pues sólo acudió para ver si le interesaba el idioma.

Años más tarde, retomé el dar clases. Fue a un niño de secundaria que acudía a una escuela militarizada, esas donde va puro "soldadito". Su mamá me dijo que si podía "regularizar" a su hijo porque nomás no se le daban los idiomas y estaba a punto de reprobar esa materia en el año escolar. A final de cuentas, el soldadito salvó la materia y la señora fue puntual en su pagó.

Después de ello, dejé de dar clases. Hasta que llegó "la Leslie" a casa, cuando era soltero, y tuve que convertirme en adiestrador de perros para que mi mamá no la echara a la calle. "La Leslie" fue buena alumna pues aprendió a saludar, a sentarse, a echarse, a caminar rápido, lento y junto; a quedarse a una distancia considerable sin moverse; a lanzarse al agua y traer su pelota y en fin varias curiosidades que alegraron mi vida y obvio la de mi mamá y de "La Leslie". Incluso entré a varias competencias con "La Leslie", pero eso es material de otro post.

El caso es que ayer fui en busca de unos libros a Porrúa. Los libros que compré son de Derecho (Controversias Constitucionales) pues daré dos clases-conferencias en Puebla en un Diplomado de Procesal Constitucional y debía prepararla. Es la primera vez que daré clases en mi profesión y estoy un poco nervioso pues no será a nivel licenciatura sino posgrado. Espero que me vaya bien y que no sea debut y despedida como las clases aquéllas de ingles.

Espero, insisto, que no sea así porque la vendedora de Porrúa (la que me conoce porque le he comprado ya varios libros para mis estudios en la Maestría y para mis exámenes) galardonó mi efímera y "productiva" vida de "profesor", jeje. Me otorgó como reconocimiento la credencial exclusiva para profesores (sin que todavía lo sea realmente) con la cual obtienes el 15% de descuento en todas tus compras en librerías Porrúa (y hasta el sábado 16 el 20% con motivo del festejo del día del maestro).

Por tanto, he aquí el nuevo título nobiliario que se me otorga:



Ahora sí: !Felíz día del Maestro¡ y un hurra a mi nueva credencialota.

Comentario final: Dada mi ocupación, tengo prohibición legal de recibir remuneración alguna por dar clases, snif; no obstante, prometo que ello no repercutirá en la calidad de las mismas, pues lo hago por puro gusto, !ajúa¡

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