jueves, 12 de agosto de 2010

Sueños truncados.

En una época de mi vida quise ser doctor. Mi padre lo era (o mejor dicho, lo es) pero no le agradaba la idea de que me inclinara por la misma profesión: "Es muy estresante, dificil y demandante", me decía constantemente.

No obstante, empecé a practicar con él en el consultorio y en la clínica. Me enseñó a suturar heridas, a tratar los casos de gente quemada (obvio que sólo eran leves heridas), entré y ayudé en cesáreas y en los partos donde ví nacer varios niños y, en fin, inicié con la práctica que todo doctor debe tener. 

Pero cada vez él me exigía más. Yo sólo le ayudaba en mis ratos libres. Pero cuando vio que me estaba decidiendo con mayor determinación, me adentró más en la vida de un doctor, que está disponible las 24 horas del día. Él me conocía mejor que nadie y me llevó al extremo, a donde infinidad de veces su profesión lo había llevado; creo que él sabía que no tenía vocación y que podía cometer un error con la decisión de ser doctor. 

Así, cada vez que llegaba una consulta a altas horas de la noche, me levantaba para que lo acompañara a la consulta. Al principio agüanté como buen macho que soy, pero poco a poco me iba cansando más pues por las mañanas no podía levantarme para ir a la prepa a estudiar. Más me cansaba cuando entraba a partos de larga duración que iniciaban en la noche y terminaban al otro día. Ya sea en vacaciones o en días de escuela, cuando terminaba el parto yo quería simplemente ir a descansar, a dormir un rato, pero no podía hacerlo pues a esa hora de la mañana y durante todo el día había gente que llegaba a consulta y mi papá me pedía que lo acompañara. Era imposible tomar un respiro.

Al pasar el tiempo y con el cansancio a cuestas, decliné de la idea de ser doctor. Me dolió pues por mis venas corría sangre de doctor y lo sabía. Además, siempre era una admiración ver cómo mi papá sanaba a la gente, para mí era un don extraordinario. Más me gustaba ver el respeto y admiración que la propia gente le tenía a mi papá con su bata blanca. También me encantaba ver la cara de satisfacción de mi papá cuando curaba a alguien, la cara del "deber hecho".

Pero el lado opuesto de lo anterior, esto es, el cansancio y la responsabilidad que conlleva ser médico, me abrió los ojos de que se necesita verdadera vocación para ello. Yo no la tuve ni la iba a tener. Mi padre lo sabía.

Por eso me dediqué a otra profesión... por eso trunqué mi sueño... pero muy en el fondo llevó al médico que siempre quise ser pero que nunca pude alcanzar. Y la verdad, se lo debo y agradezco a mi padre pues a tiempo me enseñó el camino a seguir y sobre todo que me mostró cuál era mi verdadera vocación...

5 comentarios:

Carlos Alfredo Soto Morales dijo...

Pues te fue bastante bien con el cambio de profesión. No te puedes quejar, jajaja. Saludos.

sonrisa! dijo...

Hola:
pues que bien por tu papa, que te enseño muchas cosas para ser doctor, pero más que nada lo hizo para que te dieras cuenta que conlleva ser doctor y pudiste ver todo eso.. xD

Saludos!

NTQVCA dijo...

Mi papá no me dejó estudiar música, acnto basicamente, ahora me gusta tanto lo que hago que creo que tuvo razón, pero de pronto todavía suspiro por la ilusión de cantar un poco de blues en algún lugar.

SusuBlog dijo...

aaaaaaaaaah que chulada....
y que maravilla tener a alguien a nuestro lado que nos de apoyo

saludos
Su.

Ann dijo...

ojalá todos tuvieramos esa gran oportunidad que tuviste tú, vivir loque queremos ser y encontrar dentro de nosotros si en serio tenemos la madera para aguantar.

felicidades abogado.

Una mirada a la vida

Una mirada a la vida
A través de la memoria