martes, 10 de mayo de 2011

Si eres hij@, leélo...seguro lo hiciste.

Eran las 11:00 am. Al asomarme por la ventana del salón me percaté que el día estaba completamente soleado. Un Sol distinto, hermoso. Afuera, en el patio de la escuela, una multitud de personas mirando y aplaudiendo el baile que en ese momento ofrecía otro grupo de la escuela.

En realidad no estaba nervioso, sólo tenía que concentrarme para ese momento crucial de mi tabla gimnástica. Como era el segundo más pequeño en estatura del salón, tenía la responsabilidad de ser la parte más alta de la pirámide humana-infantil que haríamos. Y eso implicaba ponerme de pie sobre la espalda de otros compañeros, que a su vez estaban apoyados en otros más, extender las manos y guardar el equilibrio.

En las prácticas de la semana, no lo había logrado como debía ser, pues trastabillaba y caía encima de mis compañeros o si lograba quedarme de pie, no mantenía la vertical y temblaba constantemente desequilibrando a mis demás compañeros.

Mentalmente me preparaba. Y es que ese día era especial. Mi mamá, que había bordado los listones amarillos al lado de mi short azúl y me había comprado otros más para llevarlos en la mano y dar más espectacularidad a mi persona, estaría mirándome emocionada. No podia fallarle. Ni a ella, ni a mis compañeros, ni a mi maestra y menos a mi.

Tocó nuestro turno. Salimos corriendo del salón en fila moviendo los brazos de arriba hacia abajo y haciendo una silueta con los listones amarillos en las manos.

Tomamos nuestro lugar y empezó nuestro número: La tabla gimnástica del grupo 6° D. Hicimos todo lo que practicamos, todo lo que la maestra nos enseñó. Se acercaba el momento del final, ese que culminaba con la angustiante pero hermosa pirámide humana-infantil. Nada, hasta ese momento, había salido mal.

Doy un giro para alejarme del centro del patio y veo como mis compañeros empezaban a formar la piramide con sus cuerpos como base, apoyando la palma de sus manos y sus rodillas en el piso caliente por el Sol que pegaba. Luego otros encima de ellos en la misma posición y unos más igual hasta hacer cuatro niveles. El quinto nivel sería sólo yo, de pie con los brazos extendidos.

Cuando llegó mi turno, dudé un poco pero luego empecé a escalar los cuerpos de mis compañeros; concentrado, sudando y nervioso llegué a la cúspide. Apoyé mis manos y pies firmemente para poder levantarme. Tomé aire, profundo. Y entonces cerré los ojos, me levanté y extendí mis brazos. No temblé, no vacilé, no desequilibré a mis compañeros ni a mi mismo. Abrí los ojos. Debía mirar al frente y mover las manos simulando volar. !Lo hice¡ Y luego, desafiando las instrucciones de la maestra, miré a mi alrededor, busqué y encontré a esa persona que me interesaba. Ahí estaba ella, feliz, sonriente y orgullosa. Ahí estaba mi mamá. Le sonreí y me devolvió la sonrisa con un beso a la distancia. Ese, fue uno de los momentos más felices de mi vida...

Hoy 10 de mayo, les deseo a todas las mamás del mundo que este día sea el más feliz y orgulloso de sus días.

Sé que mañana, como ayer y como hoy, en un festival del día de las madres, los twins le rendirán ese mismo homenaje a su mami la Busi.

Felicidades a todas las mamás. Felicidades a mi mamá y, en especial, felicidades a ti: Mi Busi, por los gemelos que pronto llegarán... 

1 comentario:

SusuBlog dijo...

aawwww

felicidades a todas las amasitas...
y muchas felcidades a la futura mamá

que ya estoy más emocionada jaja
Su.

Una mirada a la vida

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