Estas semanas y, sobre todo, estos últimos días han sido muy bonitos pero a la vez muy cansados. En estos últimos días, además, me he llenado de diversos sentimientos, la mayoría de ellos muy buenos y, otros, sentimientos encontrados.
Han sido días pesados, cansados, esos que agobian. A la vez días hermosos, con sorpresas y experiencias maravillosas.
Llego a este blog y veo lo que he publicad y leo blogs de mi blogroll. Me doy cuenta que extraño mi blog y todo lo relacionado con él, esto es, sus blogs, esos que leía casi a diario. de hecho, extraño la tranquilidad y la calma de leer en soledad textos que me hacen reflexionar, reír, enojar. Extraño la sensación del primer texto que publiqué, del primer comentario que hice y del primero que recibí. Extraño esta soledad cibernética, si me permiten la expresión, que sentía cuando entraba a mi blog y a otros más y la extraña felicidad que me inundaba cuando leo, comento, publico y me comentan.
Hoy estoy a casi 2 años de que abrí este blog, en el que conocí pensamientos maravillosos de gente que no conozco en persona pero que con sus palabras publicadas nos hacen imaginar cómo es él o ella en realidad. Durante ese lapso, recibí premios, entrevistas y demás cosas de este medio.
Hoy vivo ajetreado y con un sentimiento de despedida, a casi 2 años, de este espacio y no porque lo quiera dejar o cerrar, sino simplemente porque desde ayer mi vida dio y dará todavía más un giro de 180°.
Ayer protesté un cargo importante que, al asumirlo, agobiará y requerirá de toda mi atención. Un cargo en el que dedicaré cuerpo y alma para realizar lo mejor posible mi función.
Por eso, quizás, poco a poco, se acabe este blog. No es una despedida, ni mucho menos. Tal vez es una disculpa o justificación de lo poco que podré postear en el futuro, no mañana ni pasado mañana, tal vez en un futuro no tan lejano.
Ello me genera un sentimiento encontrado, porque así como poco a poco me alejaré de este blog, lo cual me genera una tristeza, también siento una gran alegría por lo que me toca desempeñar en mi vida profesional.
Tal vez, en un futuro, escriba muy poco, incluso nada; pero siempre tendré la promesa latente de que en algún momento de agobio, en que necesite un poco de relajamiento y tranquilidad, estaré por aquí.