Salí de mi nueva oficina a comer algo. Me sentía agobiado. Han pasado tantas cosas en mi vida y apenas las sigo procesando. Decidí caminar y no detenerme en el primer restaurante que encontrara.
Caminé y caminé y decidí seguir caminando, lejos, cada vez más lejos, como si intentara alejarme de algo o como si a lo lejos pudiera encontrar algo.
De pronto, me encontré caminando por la calle de Génova, en la famosísima Zona Rosa de la ciudad de México. Caminé por esa calle peatonal, hoy repleta de puestos de vendedores ambulantes y de zonas en obra en cada esquina arreglando las calles.
Aún no sabía qué comer. No tenía antojo de nada. Decidí caminar un poco más lento y observar esa calle. Tenía más de 30 años que no caminaba por ahí. En cada paso, llegaban a mi memoria muchos recuerdos.
Y es que cuando iba en la prepa (en la prepa 4, Manuel Castañeda y Nájera, allá en avenida Observatorio) mi papá me inscribió a un curso de inglés en una escuela que entonces existía y se llamaba "Interlingua". Una de sus sucursales, y que fue a la que asistí, estaba ubicada en un edificio en Génova 33. Pasé grandes momentos ahí. Y cuando las clases terminaban me encantaba caminar por toda la Zona Rosa. Muchas anécdotas de esa época, como aquélla en la que pasé al lado de Arnold Schwarzenegger sin darme cuenta. Bueno sí me di cuenta pero ya era muy tarde para pedirle un autógrafo (en esa época, los ochentas, no sabíamos de selfies ni nada de eso).
Como seguido por una antigua costumbre de aquellos años, terminé metiéndome en el Macdonalds que se encuentra en la misma calle de Génova. Ha cambiado, Lo modernizaron. Contrario a lo que imaginaba, estaba muy limpio. Aún siguen sonando música ambiental en sus instalaciones.
Fue algo mágico sentarme a comer ahí, yo solo, mis memorias y ahora con mi celular. Y gracias a este último, abrí como una necesidad que me faltaba, mi blog, este blog. Y empecé a leer lo que hace unos años escribía. Y recordé y volví a sentir esa emoción extraña de plasmar y dejar para la eternidad tus memorias escritas.
Ví con tristeza que los blogs que seguía tienen años de estar abandonados. Ví que el mío así estuvo también: abandonado. Leí y leí y se me pasaron las horas en esa mesa de Macdonalds. Me percaté que al final, mis textos hablaban de despedirme. Aprecié que me fui yendo poco a poco.
Hoy, regreso a escribir. Regreso a la casa que dejé hace años. Me fui por una aventura, un sueño que tanto deseaba profesionalmente y que hace unos meses terminó por una reforma constitucional en el país, la famosa reforma judicial.
Hoy, regreso a donde fui feliz algún día. Vuelvo al espacio en donde viajo en el tiempo, en donde vivo nuevamente mi vida pasada. Muchos de los personajes de mi vida, de mis recuerdos y de mis memorias escritas, ya partieron como también partió mi sueño.
Llegué al punto de partida: ese Macdonalds donde en mi juventud planeaba lo que iba hacer de mi vida, donde soñaba mi futuro y disfrutaba mi presente, donde lo que brillaba era el entusiasmo y la energía por vivir y comerme al mundo. Y sí, al paso del tiempo volteo y me doy cuenta que sí, que me lo comí y que lo disfruté. Y que hoy, regreso al punto de partida de mi esencia: recordar, soñar despierto, revivir mi pasado para comprender mi presente y poder soñar, con más impetú, para lo que viene.
Estoy vivo, más vivo que nunca. La Bu sigue a mi lado y los twins son adolescente ahora. Y eso me hace aún más feliz y me da fortaleza para seguir adelante. El Belo, hoy con muchos más años, pero con la misma esencia, seguirá soñando y recordando, en principio, que si algo nos mantiene vivos es el recuerdo de lo que algún día nos hizo felices, de lo que moldeó lo que hoy somos, de lo que fue la vida.
